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Adicción al alcohol

La adicción al alcohol o alcoholismo está reconocida como enfermedad desde 1968. Se diferencia la dependencia del alcohol del abuso del alcohol. La CIE-10 define seis criterios de los que tres o más como mínimo deben estar presentes de manera simultánea en un mes (o en una duración más breve: en un año en varias ocasiones) para poder diagnosticar un síndrome de dependencia (F10.2):

  • Deseo intenso o compulsivo de consumir alcohol (término especializado: Craving)
  • Disminución de la capacidad de control respecto a la cantidad, el principio o el final del consumo (esto es, se consume de manera regular más alcohol o durante un periodo de tiempo mayor que lo que se ha planeado, o existen el deseo y el intento continuo de reducir o controlar el consumo de alcohol sin lograrlo de manera duradera)
  • Síntomas físicos de abstinencia al detener o reducir el consumo
  • Presencia de una tolerancia (para causar el efecto deseado son necesarias cada vez mayores cantidades de alcohol)
  • Limitación del pensamiento al alcohol (es decir, abandono de otros intereses a favor del consumo de alcohol)
  • Consumo de sustancias persistente a pesar de los efectos perjudiciales para la salud y la vida social resultantes para el consumidor, aunque la persona afectada sea o pueda ser consciente del tipo y dimensión del daño (p. ej. enfermedades hepáticas como cirrosis hepática, un deterioro de las funciones cognitivas, pérdida del permiso de conducción o trabajo, separación de la pareja, rechazo del círculo de amigos y conocidos, etc.)

 

Se habla de abuso del alcohol cuando hasta el momento no se presenta ningún síndrome de dependencia, pero existen daños físicos o psíquicos para la persona afectada (o su entorno social) debido a su consumo de alcohol (p. ej. accidente o retirada del permiso de conducción). A causa de esto, también aparecen consecuencias negativas en las relaciones interpersonales. Las complicaciones que suelen existir en relación con todas las adicciones aquí mencionadas son la intoxicación, el síndrome de abstinencia, los desórdenes psicóticos, así como los desórdenes de la conciencia y las ilusiones (como p. ej. delirios o alucinaciones), el síndrome amnésico y los trastornos del comportamiento y la personalidad. Estos síntomas ocurren rara vez de manera simultánea y suelen desarrollarse lentamente. Es muy importante el hecho de que la cantidad total de bebida o el consumo regular y la falta de síntomas físicos de abstinencia no demuestran ni excluyen la existencia del alcoholismo.

El consumo continuado de alcohol provoca una serie de enfermedades graves, como por ejemplo, polineuropatia por intoxicación de alcohol (lesiones nerviosas), pancreatitis (inflamación del páncreas), gastritis y úlceras gástricas, destrucción de tejido hepático con cirrosis y muchas otras más. Esto puede provocar un fallo orgánico. La aparición de tumores malignos también está relacionada con el consumo de alcohol. No existe ningún valor límite bajo el que el consumo de alcohol no sea dañino. De todos modos, el daño esperado depende de una serie de factores protectores o reforzados mutuamente (como p. ej. el consumo simultáneo de otras sustancias tóxicas o la deficiencia nutricional).

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